Disparar para sobrevivir: La decisión del Policía que se enfrentó a un individuo armado

En España son pocos los Policías que desenfundan su arma para disparar a un individuo armado, pero están legitimados para ello siempre y cuando concurra proporcionalidad, oportunidad y congruencia.

El pasado viernes, un hombre de 44 años, armado con un cuchillo de cocina de grandes dimensiones y con antecedentes por haberse enfrentado a la Policía en anteriores ocasiones rondaba las instalaciones del centro de salud de San Cristóbal de los Ángeles, en el distrito de Villaverde de Madrid. En pocos minutos sembró el caos y atemorizó a los viandantes que paseaban por las calles de la capital y se acercaban al ambulatorio. “¡Cerrad! Hay uno con un cuchillo en la puerta” fue la voz de alarma de una vecina pocos minutos antes de la llegada de la Policía Nacional.

Tras un tenso enfrentamiento, uno de los Agentes se dispuso a detenerlo pero al hacerlo, según un portavoz de la Jefatura Superior de Policía de Madrid, el hombre lo atacó hiriéndole en la mano con el cuchillo e intentó, posteriormente, seguir agrediéndolo en diferentes partes del cuerpo cercanas a la zona del corazón. Fue en ese momento cuando el Agente utilizó su arma. Sus compañeros, en vista de que el individuo no se detenía, también le dispararon. El hombre acabó falleciendo.

Proporcionalidad, oportunidad y congruencia

Los principios básicos que rigen la actuación policial en caso de tener que usar su arma de fuego se resumen en tres: proporcionalidad, oportunidad y congruencia.

Los Agentes están legitimados para utilizar su arma y así viene recogido en varias normas como la Ley Orgánica 2/1986 del 13 de marzo de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o la Instrucción sobre utilización de armas de fuego por los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado del 14 de abril de 1983, entre otras.

La Instrucción del 14 de abril de 1983 de la Dirección de Seguridad del Estado establece que “los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado pueden utilizar sus armas de fuego ante una agresión ilegítima que se lleve a cabo contra el Agente de Autoridad o terceras personas”, y concluye que deberá hacerse siempre y cuando concurran una serie de circunstancias que respeten los tres principios citados.

En este sentido, la Ley Orgánica 2/1986 del 13 de marzo de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado también añade que “solamente deberán utilizar las armas en las situaciones en que exista un riesgo racionalmente grave para su vida, integridad física o la de terceras personas, o en aquellas circunstancias que puedan suponer un grave riesgo para la seguridad ciudadana y de conformidad con los principios a que se refiere el apartado anterior”.

Disparar: más allá de un dilema moral

La actuación de la Policía el pasado viernes no ha estado exenta de críticas. Algunos han cuestionado su actuación, considerándola excesiva, otros, en cambio, han defendido la intervención de los Agentes asegurando que el hombre puso en peligro la vida de la ciudadanía y de los propios policías.

La opinión pública, los altos mandos y la justicia bloquean en determinados casos su capacidad de respuesta y ha provocado que algunos de ellos hayan perdido su vida mientras su arma todavía seguía en la cartuchera. Uno de los ejemplos más recientes fue el fallecimiento de un Policía Nacional de 33 años que murió en 2014 apuñalado en el tórax cuando se disponía a identificar a un hombre que contaba con una reclamación judicial y varios antecedentes policiales, algunos de ellos relacionados con agresiones a agentes de la autoridad.

Actuación “proporcionada y ajustada a Derecho”

El sindicato Jupol ha mostrado su apoyo a los Agentes que participaron en la intervención y ha asegurado que la actuación de los compañeros “ha sido absolutamente proporcionada y ajustada a Derecho”. Además, uno de los portavoces del sindicato ha querido aclarar que “el Agente ha actuado en defensa de su vida, de la vida de sus compañeros y de la de todos los ciudadanos que se encontraban en las inmediaciones”.

Los hechos del pasado viernes evidencian que el deber del Policía, además de con la sociedad, también es consigo mismo. A pesar de que su actuación está legitimada, los Agentes se encuentran ante la disyuntiva de actuar de acuerdo con la ley o enfrentarse a la opinión pública que muchas veces no entiende la situación de peligro y riesgo a la que se exponen.

Artículo de Cristina Mateo, periodista especializada en información de sucesos y tribunales y Criminóloga con mención en Criminología Forense y Ejecución Penal.

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