El jurado lo declara culpable del asesinato, violación y secuestro de Laura Luelmo

La Fiscalía y las acusaciones mantienen sus peticiones de pena tras el veredicto del tribunal popular.

Bernardo Montoya secuestró, violó y asesinó a la joven profesora zamorana Laura Luelmo. Ésa es la conclusión a la que ha llegado el tribunal popular que le he juzgado esta semana en la Audiencia Provincial de Huelva y que ha dictado este viernes un veredicto de culpabilidad que pone al acusado a las puertas de la prisión permanente revisable, que piden para él tanto la Fiscalía como la acusación particular que ejerce la familia de la víctima y la que ejerce la Junta de Andalucía.

Menos de cinco horas le han bastado a los miembros del jurado acordar el veredicto y lo han hecho por unanimidad, según ha confirmado el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), después de que el presidente del tribunal, el magistrado Florentino Ruiz, les entregara esta mañana el cuestionario que debían responder.

La respuesta del jurado ha sido contundente: culpable de un delito de detención ilegal, de otro de agresión sexual y de un tercero de asesinato tras cuatro días de juicio en los que Montoya ha tratado de exculparse e incriminar a la que fuera su ex pareja, Josefa Carmina G.C., acusándola de ser la autora material del crimen y admitiendo solamente que participó en el traslado del cadáver.

Esta versión es la que viene manteniendo desde que rectificara, durante la fase de instrucción, su primera confesión, en la que reconoció haber raptado, golpeado, violado y luego matado a la profesora en la localidad onubense de El Campillo, donde ambos eran vecinos.

Fue en mayo de 2019 cuando Montoya ofreció la que es su tercera versión, que quedó rápidamente desmontada cuando la ex pareja presentó una coartada más que sólida, documentación que demostraba que la noche del crimen ella estaba en un centro de desintoxicación en Jerez de la Frontera.

La Fiscalía, al igual que las acusación particular de la familia, reclamó ayer, en la última sesión de la vista oral, una condena de doce años de prisión por la agresión sexual, 20 años por el delito de detención ilegal y por el asesinato, la pena de prisión permanente revisable. La palabra la tiene ahora el presidente del tribunal, puesto que es al magistrado al que corresponde ahora fijar la pena en base al veredicto.

De poco le ha servido a Montoya las dudas que, a última hora, intentó introducir en cuanto a la violación basándose en el testimonio de los forenses, que dijeron no haber encontrado restos de semen en el cuerpo de Laura, sólo restos biológicos. Para el abogado defensor, Miguel Rivera, esto suponía una «ambigüedad» que podía, a su juicio, evitar una condena por agresión sexual y aliviar así la condena.

Sin embargo, a los miembros del tribunal popular les ha parecido más que suficiente el rosario de evidencias, testificales y documentales y biológicas, que recopilaron los investigadores de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil y que se han ratificado en la vista oral.

«Siento odio». Ésas han sido las últimas palabras que ha pronunciado Montoya este viernes antes de conocer el veredicto y a su llegada a la Audiencia Provincial de Huelva, cuando los periodistas que le aguardaban allí le han preguntado por cómo se encontraba y cómo encaraba la última jornada del juicio.

Antes de eso, en la sesión del jueves, el ya condenado pidió perdón a la familia de Laura Luelmo en su último turno de palabra, pero negando en todo momento haber sido el autor material de su muerte.

Según el relato que hace la fiscal del caso, Jessica Sotelo, entre las 17.25 y las 17.30 horas de aquel 12 de diciembre de 2018 Bernardo Montoya abordó a Laura Luelmo cuando la joven profesora, de solo 26 años, regresaba a su casa de hacer la compra en un supermercado. Sucedió en la puerta de la casa que había alquilado, en la calle Córdoba de El Campillo, y en la que llevaba viviendo apenas unos días, desde el día 9 de ese mismo mes.

Bernardo sorprendió a su víctima y, aunque ésta gritó pidiendo auxilio, logró meterla a la fuerza en su propia casa, situada justo enfrente. Allí la emprendió a golpes con la joven, a la que propinó puñetazos a diestro y siniestro en todo el cuerpo y, con algo parecido a un palo, la apaleó en la cabeza.

Quedó entonces malherida la joven «y nuy debilitada», algo que aprovechó supuestamente Bernardo Montoya para maniatar a su víctima con un cordón y taparle la boca con un trozo de cinta adhesiva, lo que la privó de toda posibilidad de defensa.

A continuación, prosigue el escrito de la Fiscalía, trasladó a la víctima a uno de los dormitorios de la casa, donde la violó.

Consumada la agresión sexual llegó el momento de ocultar los hechos y Montoya decidió acabar con la vida de Laura, para lo que le propinó un fuerte golpe en la cabeza con un objeto contundente. Antes la volvió a someter a torturas y vejaciones, a «padecimientos innecesarios y un sufrimiento más intenso que el necesario para causarle la muerte», en palabras de la fiscal del caso.

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